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1º. Los menores alienados lo consultan todo con el progenitor alienador, incluso cuando están en casa del no custodio. Relación dependiente con el alienante. 

2º. No ponen en duda ni cuestionan nada que venga del progenitor alienante por miedo a traicionar lealtades. Los menores alienados creen con firmeza cuanto les dice. Aunque sepan que es mentira, mantienen la defensa a ultranza del alienador, llegando a mentir con frecuencia ante los jueces, fiscales y equipos psicosociales adscritos a los juzgados, con el fin de no traicionar lealtades. 

3º. Impiden el contacto telefónico con sus hijos o ponen excusas y trabas para la comunicación telefónica con el padre o madre alienado del tipo «no quieren ponerse», «están durmiendo», «se están duchando», «están jugando con unos amigos». Si el progenitor consigue hablar con sus hijos alienados, el progenitor alienante activa el manos libres para escuchar la conversación y dirigir la misma, diciéndoles lo que deben decir. 

Casi siempre manifiestan que no pueden obligar a sus hijos a que vayan con su padre, ni les pueden coger del cuello o forzarles para que hablen por teléfono con él. Otras veces, afirman que aquellos carecen de habilidades para tratar a sus hijos y que tienen que saber cómo ganárselos. 

4º. Los hijos comentan cuanto hacen con el progenitor alienante y suelen afirmar que las actividades con el alienado son negativas y aburridas, aun cuando se trate de viajes de placer, divertimentos con amigos, esquiar, patinar, montar a caballo, etc. 

5º. Organizan actividades placenteras para los hijos en las mismas fechas en que el otro progenitor ejercerá su derecho de visita para evitar que se cumpla. 

6º. Presentan a los hijos a su nuevo cónyuge o pareja como su nuevo padre o madre. Algunos hijos dejan de llamar a su padre biológico «papá» o «mamá» y se refieren al nuevo cónyuge o pareja como «papá» o «mamá». 

7º. Interceptan el correo y los paquetes enviados a los hijos por el otro padre. Si les llega, ni siquiera los abren o los tiran a la basura en numerosas ocasiones. 

8º. Desvalorizan e insultan al otro progenitor frente a los hijos, pero también en ausencia del mismo. 

9º. No informan al progenitor sobre las actividades que realizan los hijos: deporte, teatro, actividades escolares…

10. Denigran la figura paterna o materna. Al nuevo cónyuge o pareja les hablan del otro padre de forma injuriosa y vejatoria. 

11º. Impiden que el otro padre ejerza su derecho de visita (el biológico y amoroso). 

12º. Olvidan a propósito avisar al otro padre de citas importantes del niño con dentistas, médicos, psicólogos… 

13º. Involucran en el lavado de cerebro de los hijos a su nuevo entorno familiar: cónyuge, abuelos, tíos… 

14º. Toman decisiones importantes sobre los hijos sin consultar al otro progenitor en cuestiones sobre religión, escuela, psicólogos, deportes, viajes… 

15º. Impiden el acceso a los expedientes escolares o médicos de los hijos al otro progenitor. 

16º. Si se van de vacaciones o se ausentan por razones de trabajo, dejan a sus hijos con otras personas, aunque el padre quiera ocuparse de ellos. 

17º. Sugieren a los hijos que, si quieren ir con el otro padre, «que lo hagan», «que ellos sabrán lo que hacen», y al final consiguen que cambien de opinión. Sugieren que la ropa que el otro progenitor les ha comprado es fea o está pasada de moda, con el único fin de que la desprecien. 

18º. Ridiculizan los sentimientos de afecto del niño hacia el otro progenitor. 

19º. Premian las conductas despectivas de los hijos hacia el otro padre. 

20º. Atemorizan a los niños con mentiras sobre el progenitor ausente o no custodio, insinuando o diciendo abiertamente que pretende dañarles o sustraerles y llevárselos a otro país. 

21º. Llegan a sustraer a sus hijos en el ámbito nacional e internacional. 

22º. Recurren a los tribunales reclamando un aumento en la pensión de alimentos o restricciones de visitas contra el padre no custodio. 

23º. Presentan denuncias falsas de violencia de género u otro tipo de denuncias falsas en contra del progenitor biológico, imputándole abusos físicos o sexuales en contra de los hijos. 

24º. Jamás reconocen que han hecho mal, incluso tras demostrarse en los juzgados que son autores de la dinámica de alienación frente a sus hijos. Mienten hasta el punto de afirmar que el progenitor rechazado u odiado ha comprado al juez. 

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